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Corría el mes de Noviembre del año 2015, en su día vigésimotercero. El Real Madrid de Benítez, acababa de caer estrepitosamente en el Estadio Santiago Bernabéu por 0-4 contra el eterno rival, el Barcelona, en uno de los episodios más dolorosos que pueda vivir un aficionado madridista. Esa noche, aquí, se podía leer lo siguiente: "No soy partidario de echar al entrenador, pero no tiene crédito, repito. Si no se confía en él, algo que parece evidente, tal vez la solución Zidane (si se le blinda para años, sean cuales sean sus resultados, y se le permite hacer una limpia de jugadores perdedores y fracasados al estilo Guardiola) sea mejor adoptarla cuanto antes". En menos de mes y medio, Zizou se hacía con los mandos de la nave blanca.

 

No llevaba ni 6 días el gabacho como entrenador de la primera plantilla, y aquí ya lo vimos venir: "Zidane es la Estrella". Y con motivo del Doblete de Liga y Copa de Basket de la temporada pasada, escribíamos: "Seguramente Pablo Laso, no sea el mejor entrenador del mundo.  De hecho, el que firma estas líneas, piensa exactamente así, pero sí que se ha confirmado como el adecuado. Y, a veces, ser el adecuado, es más importante que ser el mejor, aunque sean dos cualidades compatibles. Se puede ser el adecuado y el mejor a la vez, por supuesto. Pienso lo mismo de Zinedine Zidane". Con todo ello, lo único que pretendo decir, es que, modestia aparte, aquí se habla y se sabe de fútbol. Ni más, ni menos.

 

Dicho lo cual, es un poco injusto, con la plantilla, darle el subtítulo de esta Liga a Zidane, en exclusiva, pero nadie podrá discutir que tiene un sello inconfundible, como lo tuvo la Liga de los Records de Mou. La gestión de los recursos ha sido admirable y solo posible desde una situación de autoridad que, me atrevo a decir, solo puede ejercer en el Real Madrid un tipo del perfil de Zinedine, mejor jugador de fútbol en su día, ídolo del madridismo, Balón de Oro, y Campeón de Europa vestido de blanco, con el mejor gol de la Historia de la competición en su extraordinario palmarés. Incuestionable. Al jugador descontento, como se ha visto, la única opción que le queda, es apretar los puños y trabajar más, o salir del Madrid en busca de minutos a otro lugar de menor entidad, con la boca cerrada.

 

Esa, y no otra, es la clave para poder ganar una Liga como la española, en la que el Real Madrid parte con una desventaja brutal con respecto a su, normalmente, rival por el Título. A los penalties pitados al Barcelona contra el Eibar, me remito. Pero esa es otra historia. Hoy, lo que hay que hacer, es celebrar la Liga número 33, la Liga de Zidane, como se debe, y aguardar, muy felices y contentos, a cerrar una temporada histórica con la Duodécima en Cardiff. Nada más. Ni nada menos.

 

¡HALA MADRID!

 

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